miércoles, octubre 31, 2012

PARA FESTEJAR A CLEMENTINA TAMAYO EN ESTE OTRO OCTUBRE



Clementinita, Mi China, hace diez años

Clementina Tamayo, hermana de Pío, nació en un 31 de octubre como hoy. Y muchos octubres después se fue a sembrar en los predios de la hacienda de su infancia, tal vez el mismo octubre que Pío tramontó en busca de otros parajes donde ir a refundar su escuela de idealidad avanzada.

Hoy se enlazan en la memoria los dos hilos que nos juntan
al infinito de lo vivido y por vivir.

Clementina fue y será siempre en nuestro andar
un cálido remanso, el reverberar de un campanario,
 el dúlcimo sabor de una confitura,
el regazo de los sueños.

Ha estado y estará siempre en el interior
de lo que somos como un diminuto tejerito
que hace aparecer los amaneceres con su solo silbido.

En su nombre y para festejarla una vez más
dejamos estas palabras dichas para ella
en otros octubres de una memoria que no cesa

ms / 2012


 CLEMENTINA TAMAYO

EN EL SOLAR DE SUS SUEÑOS


Cuatro octubres después

el amor sólo ha tejido más hilos

en el tapiz de porvenires

que desde los solares del mundo

siguen construyendo Pío y Clementina


Clementina Tamayo se nos fue para el solar de sus sueños. Era la última de los Tamayo Rodríguez que aún quedaba entre nosotros. Tenía 94 años y una sonrisa de niña que jamás perdió. Fue de alguna manera, la guardiana de los sueños de Pío, de la memoria familiar, de la vida de aquella hacienda llamada “El Callao” que los vio nacer. Fueron once hermanos, hijos de José Antonio Tamayo y Sofía Rodríguez. Pío era el hermano mayor y Clementina la penúltima. Sus cenizas serán esparcidas el domingo 02 de octubre del 2005 en las ruinas de lo que fuera el solar familiar. Regresa Clementina a sus predios, a reencontrarse con los suyos, y a soñar desde otros espacios, la misma ilusión titiritera de un tiempo de solares florecidos.


Clementina, junto con sus hermanas Rita y Flor, contribuyeron decididamente a que la Cátedra Pío Tamayo pudiera hacerse realidad y que se lograran publicar tres tomos de sus obras rescatadas, que se inscriben en el hacer del combate por los tiempos que vendrán. Y con estas páginas se da continuación a la empresa que tiene como militante principal a Clementina, para seguir la lucha contra todo régimen negador de la justicia, la belleza, la libertad y el amor. Por ello la sabíamos preocupada y llena de tristeza. Venezuela sigue, nos dijo en una ocasión, en los tiempos de los avatares de Pío, y ya no sabemos cuando llegaremos al día de un porvenir diferente.


Fuimos en su búsqueda hace más de veinte años y desde entonces nos hemos quedado prendidos de su inmensa ternura. Nos cobijó como hijos y nos fue deshilvanando papeles y rutas de Pío, que ella reconstruía con verdadero amor, para que no se perdiera aquella esencia de justicia, libertad y belleza, que la propia madre, Sofía, les sembrara en el interior de cada uno, desde aquellos días de El Callao.


Nos correspondió editar su libro “Recuerdos de mi infancia en la hacienda El Callao”, que constituye un vivo testimonio de un tiempo, un vivir y unos valores que se proyectaron como código de deberes, al decir de Pío, y como compromiso de solidaridad y ternura para con todos.


La amamos profundamente. Y hoy cuando regresa a sus territorios mágicos y encantados, sabemos que no la despedimos, sino que la acompañamos en su encuentro con Pío, quien la aguarda, armado de una carpa y un papagayo, para recibirla y llevarla a los suyos, que deben andar urdiendo amasijos en las nubes y encendiendo fogones en los atardeceres. A ella le escribimos la carta que adjuntamos, una de las muchas que tuvimos el privilegio de escribirle en estas dos décadas, y que seguiremos escribiéndole, hasta que una enredadera de jazmines esparcida por el planeta nos anuncie un tiempo de Píos y Clementinas.

mery sananes



CLEMENTINA EN EL ADIÓS

DE LAS EMBUSTERÍAS MAYORES


Sabíamos que alguna vez habríamos de escribirte esta carta. Y nos fuimos aferrando a tu resistencia de caña dulce para ir retrasando ese tiempo. Y como siempre lo hiciste, fuiste una arbola capaz de resistir todos los vendavales. Y nos ofrendaste tu infinita sonrisa hasta que los arrullos de la madre y las titiriterías de Pío te llamaron a reconstruir en el porvenir esa estirpe tocuya que se hizo horizonte cuajado de luceros aquí en este territorio de la hacienda El Callao.


Y en verdad, Clementina, que esta carta la fuimos deletreando a través de los años, porque sabíamos que jamás habría despedidas, porque quien como tú siembra en el alma confituras de amor, se queda prendida en el vivir como si estuviese bordada en cada amanecer. Hoy, sólo venimos a hacer una nueva travesía contigo.


Hace casi diez años dibujaste en tus letras diminutas el trayecto hasta El Callao. Entonces dijiste: “sólo es el relato sencillo de una infancia feliz, vivida en el campo, en una naturaleza abierta y generosa, que dejó para siempre su huella, con sabor a miel y la frescura inigualable del amanecer campesino, saturado el aire con fragancia de jazmín y brisa del cañamelar.”


Y te convertiste en vasija para contener las mieles y solar para que en él las enredaderas de jazmines no cesaran de crecer. Tu corazón siempre se asemejó a una alforja de donde extraías, para repartir a manos llenas, rumores de agua, aroma de pomarrosas, golosinas fabricadas en una infancia que volaba en rieles de viento y fantasía.


Y tu presencia se constituyó, como la de Pío, en coraza, en vereda hacia los tiempos que vendrán, en gajitos de porvenir que nos regalas para que ninguna devastación nos confisque la alegría ni nos detenga el andar. Y ese precioso tesoro que nos entregaste, Clementina, silenciosa y perseverantemente, a través de todo tu vivir, nosotros lo prolongamos en nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, como lección jardinera, para que no se acabe ni se silencie jamás.

Por eso, esta carta comenzó hace mucho y no habrá de cesar jamás, en su afán de bordar cabriolas de colibrí en tu regazo, manjares de piña y de guayaba, ofrendas de embusterías, como aquellas que Doña Sofía tejió en las ansias floricultoras de Pío.


Hoy es apenas una nueva estafeta. Y me dice Pío, Clementina, que te aguarda para tus noches una inmensa carpa que él construyó para su Pinochita, hecha de pie de monte y de brisa, que contiene en su interior un fogón que rebosa amasijos y un trapiche que destila mieles, y agigantías de amor.


Hoy sólo hemos venido para acompañarte a recoger la risa que dejaste esparcida en estos lares. Y contigo nos volvemos a ir. Sólo que ahora tienes la tarea, Clementina, de levantar otra vez la casa, de encender la leña, de poner en funcionamiento los engranajes de la vida, de volver a escribir la historia que será. Y aquí vendremos, cada madrugada, a recoger tus viandas aliñadas de panela, para con ellas en el alma, resistir fatigas y desencantos, desesperanzas y pesadumbres.


Me dijo Pío que fabricó especialmente para ti un papagayo que vuela sin hilo, adornado de cocuyos, y con una instancia lo suficientemente grande para que quepa en ella tu ternura. Me dijo que así sabríamos reconocerlo cuando en el dintel de la ventana nos deje sus mensajerías nocturnas, mientras recorre la cresta de los montes de regreso a su Callao, otra vez al revuelo de la caña en su afán de hacerse dulcería.


Hoy sólo cumplimos una palabra empeñada, cuando dijimos: “Clementina es así el cauce de agua que nos comunica lo que fue con lo que será, el día en que los sueños de Pío se hagan realidad sobre las tierras de los hombres. Ella, junto con los suyos, vendrá de regreso, algún día, a celebrar la resurrección de las cosechas y la floración de los nísperos. Ella estará cuando el mundo se convierta en una casa grande donde todos tengan cabida para el disfrute del trabajo común, del amor compartido.”


Aún no hemos arribado a ese tiempo. Y seguimos desde la hondura de los pozos artesianos tratando de restituir el cauce de los hilos de fósforo, que Pío dejó encendidos como lámparas de tierra, en la noche.


Pero como una hoja que en el invierno se deposita en la tierra tan sólo para comenzar de nuevo su viaje hacia las nubes, hoy Clementina, sin ataduras que te retengan, emprendes otra vez el recorrido por la vida en el papagayo de Pío.

Regresas a los territorios de donde, en verdad, nunca saliste. Regresas con estatura de montaña, con fortaleza para resistir cualquier vendaval. Regresas con tu rostro de niña a enamorar otra vez a los pájaros, los espejos de agua, los maizales. Regresas a poner otra vez en funcionamiento el viejo trapiche y las notas de una pianola que en su interior lleva retenidos cantos y acordes que quieren salir adheridos a tus mágicas resonancias.


Regresas a poner orden en las hierbas que acamparon, durante tu ausencia, en las escalinatas de piedra, en el caminito de los caracoles, en el paso de las chicharras. Vienes a aromar la herrumbre del silencio con tus inciensos de azahar. A reunir de nuevo la asamblea de juglares, a levantar otra vez el telón de las hazañas de Pío, a reabrir las trochas y a reanudar las faenas en los membrillares. Te aguardan días festivos.


Pero me pregunto, Clementina, en tu quieta y sencilla sabiduría ¿no será que escogiste este tiempo para armarle a Pío, una hermosa batalla en sus predios floricultores? Estuviste, como prometiste, en la celebración de su cumpleaños, cuando en sus arcones antiguos arribó a cien años de estar sembrando estafetas porveniristas. Y ahora, cuando sólo faltan días para su viaje, en un hilo de luz, desde Namur de nuevo a El Callao, y cuando otros creen haber apagado para siempre su lumbre, ¿no será Clementina que decidiste reunir a Sofía y a todos tus hermanos para recibir a Pío, mientras Rita pone de nuevo a andar su escuela de música, y Flor prepara su manjar de piña, y Juan le deletrea la lecciones aprendidas, y Toño retoma las faenas de la hacienda, y Rosa Eloísa revive los jazmines guardados en el cofrecito de sus amores?


Conociéndote, Clementina, sabemos que andas en esas tareas. Y podemos escuchar tu alegría y el susurro de tu respiración, como cuando Pío te montaba sobre las tablas, o cuando Sofía los acariciaba a todos con sus cuenterías. Y nos alegra acompañarte en tus travesuras de amor.


Ahora podrás regresar como y cuando quieras, hecha flor o fruto, rumor de agua o canción de los sapitos. Siempre serás un recadito de amor que se nos siembra en la ilusión.


Y mientras nos toque el turno de venir a ampliar la asamblea de porvenires, que ahora presides, nos queda la tarea de nutrir el viento, para que no se detenga jamás tu vuelo aventurero. Y lo haremos, Clementina, navegando en el pozo de azúcares de tus pupilas, en el bajel de brisa de tu memoria y en el itinerario porvenirista de Pío.


Para tu viaje hacia el adiós de las embusterías mayores te dejamos una ristra de suspiros y el amor cuajadito en vagones de eternidad.

mery y agustín

Hacienda El Callao
Domingo, 02 de octubre del 2005
al esparcir los sueños de Clementina Tamayo
en el solar de su risa




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LOS DÍAS COMO VASIJAS - DIEZ AÑOS DESPUÉS



 Rafael Olbinski



¿HASTA CUÁNDO SEGUIREMOS EXALTANDO HÉROES Y HAZAÑAS?

Bajo el cobijo de la madrugada, lanzamos nuestra atarraya cazadora de hierbas marinas, al océano de las preguntas. ¿Hasta cuándo seguiremos cantándole al héroe, exaltando epopeyas, como si la humanidad no existiera más que a la sombra de un genio? ¿Hasta cuándo seguiremos celebrando fechas y batallas como si un solo hombre dispusiera siempre del destino de los otros? ¿Seguiremos anulando ese hacer colectivo para que siempre vaya a la saga de un dios, un padre, un guía iluminado que dicta el quehacer y usufructúa lo que ha sido? 

Este es tiempo para que el verso resplandeciente, la palabra constructora, contribuya a que el hombre, confundido y extraviado, domesticado y anulado, reencuentre su humana dimensión y su histórica perspectiva de porvenir. Desde el interior de una flor hasta el espacio de las batallas desandadas en el dolor y la muerte, ¡hacia la victoria de la vida!

HAY QUE RETOMAR LA ESENCIA DE
UNA HUMANIDAD QUE AUN NO NACE

Trabajo de minero nos corresponde, dijo León Felipe, persistente y laborioso oficio de encender chispas, desde la recia dureza de las piedras y los metales. No desde el fácil resplandor de las fogatas encendidas para celebrar las victorias del uno sobre las derrotas del otro. Hay que retomar los caminos del corazón del hombre, de la esencia de una humanidad que aún no nace, para moldear desde nuestra rudimentaria palabra, un horizonte de futuro, como si fuera una pista de carrera, por donde el hombre-colectivo, alcance la luz del día que no conoce.

LOS DÍAS COMO VASIJAS DE LAS
HAZAÑAS DEL HOMBRE

Algún día festejaremos los días como las vasijas que contienen las gigantescas hazañas del hombre en su empeño por leer en el universo la carta geográfica de su propia ciudadanía, por encontrar en los canales de riego de las hoiitas de hierba el secreto de la palabra que comunica,  por hacer brotar manantiales de las tierras resecas, por aprender a distinguir entre los silbos del viento, la melodía exacta que hace girar la noche hasta convertirla en alba. Un tiempo sin campos de batalla, en el que nadie se dispute la autoría de abrazo ni la propiedad de una casa abierta a la alegría de los sueños, en el que el hombre compita no por alcanzar primero la meta, sino por llegar a ella junto al hermano, para celebrar el convite de la vida y la hazaña de una humanidad por florecer.

TIEMPO DE DESHACER ENTUERTOS

Es tiempo de desandar las mentiras, de deshacer los entuertos, no de reforzarlos, de desvestir de prendas ajenas a los hechos, para retomarlos en su justo valor y dimensión. Porque aquellos que otros hicieron no salva la distancia entre el quehacer que nos corresponde, ni cancela las deudas con el futuro. Por el contrario, aquello que ha sido deja la estela de lo que habrá de hacerse, y sobre todo de la dirección que no tomaremos, para que lo dispuesto vaya en dirección a lo que será.

ALGÚN DÍA LAS GUERRAS QUEDARÁN RELEGADAS
AL PASADO DE UNA PREHISTORIA

Algún día el historial de batallas con las que los héroes han convertido esta tierra en un inmenso cementerio, quedará relegado al pasado de una prehistoria que aún no logramos superar, porque entonces todo estará ocupado en vivir la vida que no en morirla, en sembrar de pastos el cielo, en descifrar juntos el enigma del cosmos o el del dolor de la arbola, cuando al árbol que la acompaña se le quiebra un ramaje. El hombre se convertirá al fin en maestro de obra de una  sociedad anónima y colectiva llamada humanidad, que no peón de una hacienda repartida entre pocos, para la extinción del fruto y hasta del ramillete de aves que se columpian tristes en la ausencia del nido.

BASTA DE ROBARLE AL HOMBRE COMÚN
SU DISCERNIMIENTO

¿A qué jugaremos entonces nosotros en estos tiempos aciagos? ¿Reforzaremos mitos? ¿Multiplicaremos trampas? ¿Reeditaremos guerras a muerte, como si entonces y ahora, no fuesen sólo señal de la ineficacia e insuficiencia de una causa para valerse por sí misma? ¿Seguiremos exaltando gestas heroicas como el hacer único y divino de un hombre que se eleva por encima de los otros hasta convertirse en dios-caudillo-mesías-santo?  Llámese como se llame, en cualquier tiempo y lugar, los héroes no han hecho otra cosa, en la historia de esta humanidad en ciernes, que robarle al hombre común su capacidad de discernimiento, su potencialidad creadora, su torrente imaginativo para convertirlo en soldado de causas ajenas, en carne de cañón de un botín que no disputa, en obrero de una edificación que no lo alberga.

¿DÓNDE QUEDA EL HOMBRE EN MEDIO
DE UNA HISTORIA DE HÉROES Y CAUDILLOS?

¿Dónde queda y está entonces la voz del hombre que pugna y lucha por hacerse palabra, por sentirse cobijo, por convertirse en hacer de una ilusión? ¿Dónde queda dibujada la hazaña del hombre anónimo y colectivo que libra su guerra diaria contra los héroes, los usurpadores, los dueños, los patronos, los negociadores de todo tipo de mercancía, incluida la vida? ¿Quién recogerá el suspiro infinito del dolor para trasmutarlo en andén de porvenir? ¿Quién hará alquimia con las derrotas hasta hacerlas huertos repartidores de flor?

POR LA CAUSA DEL HOMBRE

Decía León Felipe que sólo hay una causa: la del hombre  y que en su tiempo era la miseria del hombre. Hoy ¿cuál es la causa? ¿Los botines que sigue repartiendo la miseria multiplicada del hombre? ¿Los espacios que se disputan los dueños de todo, hasta de las causas del hombre? ¿Es que también el combate por la vida tendrá propietarios y usufructuarios, héroes y caudillos, nunca humanidad? ¿Cuál será hoy el deber de este ser humano incipiente, adolorido, aquejado de una histórica y atenazada pena, que somos? Decía Whitman hace mucho más de los cien años que él presagiaba habrían de transcurrir para que se entendiera su mensaje, que algún día el hombre sería sacerdote del hombre y sería su propio sacerdote. Estaba consciente que lo que había que rescatar no eran los sacerdocios, las reyecías, los dominios individuales, los espacios de los héroes, sino a ese gigante anónimo que es el hombre a secas, para que se convierta en proa de su propia nave. Un bajel que lleva adentro el equipaje de una humanidad que aún no ha sido.

HAY QUE DAR EL SALTO DEL CUASIHOMBRE
A LA HUMANIDAD

No puede ni debe entonces el cuasihombre que somos, al decir de ese maestro llamado Juan David García Bacca, ni el cuasiverso, cuasi palabra, cuasigesto, ni siquiera ese cuasisuspiro que asciende desde el fondo de un pozo, servir a otra causa que no sea la del rescate de la conciencia de hombre, no de la epopeya del otro, sino de su propia e infinita potencialidad de gigante hacedor de milagros, sembrador de bosques, recogedor de semillas para la construcción de una sociedad de hermanos, que aún no divisamos ni conocemos.

A eso convocamos y llamamos en estos tiempos de devastación y de esperanza.

mery sananes 
24 de julio del 2003

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martes, octubre 30, 2012

DÍGAME - DE UN VIOLÍN






Dígame
un violín sonando
con cuerdas de enredadera
y señales de infinito!


agustín blanco muñoz
serie dígame
foto / mery sananes


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lunes, octubre 29, 2012

LA LEJANÍA ES DE LIMÓN Y VIOLETA




La lejanía es
de limón y violeta

Antonio Machado
Canciones a Guiomar




La lejanía es un vuelo de
azahares que prendidos de la
noche ascienden en tropel
hacia los adioses que nunca
se dijeron

La lejanía es de los atardeceres
que aún no desmigajaron sus sepias
en racimos de lilas extraviadas sobre
el sueño de un tiempo enamorado

La lejanía es un invento de la
memoria que se escapa por los
murmullos del agua hasta alcanzar
el río azul que la lleve a las
embarcaciones de los deseos  

La lejanía es un canto que se
derrama sobre las arboledas
de la piel en ritual de colibríes
haciendo nido en el paladar
de una flor

La lejanía es una partitura
de guitarra aleteando melancolías
sobre la brasa de un nocturno y
el recinto de una lágrima que
olvido sus cerraduras en el
calendario de las horas que
nunca transcurrieron

La lejanía en fin no es sino
la certeza de una cercanía hecha
de limón y violeta inscrita para
siempre en el dedal de la alegría

texto y fotos
mery sananes


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sábado, octubre 27, 2012

RAÚL SEGNINI - EL OTRO SILENCIO





EL OTRO SILENCIO
Caracas, CPT-CEHA-UCV, 1996.

El único libro publicado de Raúl Segnini Laya Su corazón se lo llevó antes de tiempo al reino de los silencios mayores. Reunir estos poemas, tras muchas resistencias y dificultades, fue como componer una canción a partir de una melodía fragmentada e incompleta.

Y sin embargo, cuánto asombra el resultado, la síntesis de un decir poético que se inserta con fuerza devastadora en el  vocabulario inédito e infinito de la vocación del hombre.

Metáforas e imágenes sorprendentes que dibujan acuarelas de amor sobre bosques de papel. Preguntas que se disparan hacia el corazón de la muerte. Sinfonías de sentimientos que se desgajan como un racimo de eternidades que se prenden del vértice-beso de una ilusión. Paisaje del alma que busca sus floreceres en el otoño de los tiempos.

Se amalgaman los días y las memorias con una poetidad que alcanza y toca la tristeza de Vallejo, los estallidos nerudianos, los sobresaltos que asaltan la ternura de todos los hacedores de vida, enhebradores de versos, constructores de sueños rotos.

Su legado no es literario sino vital y móvil como el océano. Y así debe navegar, libre de toda atadura, en conjunción con los dioses del viento, emparentado con la lluvia, remanso de agua lunar en el solar de todos los cielos.

Dejo aquí, para quien le interese, el primer poema de este libro absolutamente indispensable, en este nuevo 27 de octubre, fecha de su cumplevida, como siempre lo hacemos desde estas Embusterías.


HACE MÁS DE UN SIGLO

Hace más de un siglo el tiempo vino seco
y se quedó atrapado en el madero de varias senectudes
de un redil agigantado de la tierra.

No hubo estanques en que depositar la tierra
que fluía de las palabras
y ellas amansaron la carne legítima de polvo
entre vaivenes de pequeñas madrugadas
en gotas pequeñas de extensos abecedarios.

Larga fue la carrera de los hombres.
No hubo un tiempo desconocido
que no fuera habitado por los ojos.
En cada extremos de la carne legítima
hubo una lupa que lo miraba todo
hasta el movimiento de la célula
entre receptáculos de faunas
con un agitar de ojales
en la capa arrugada de la lengua.
Cada futuro tenía su músculo fijo
como largo resorte que lo encoge todo,
y en este tiempo, anduvo de soledad.

Las palabras eran carreteras de huellas prolongadas
y a la vez eran vehículos
con asientos de lanas
y espaldares adaptados a la forma esquelética
de todo hombre sin su huella.
Creyéndose así, que todo giraba.

Con huesos pegados a la tierra
todo caminaba en nubes de argamasa de harina
sin levantar siquiera la levadura de la frente
para ver la cuerda tendida en cada extremo de los dedos.

No se vio adónde se  fue la fibra que nos trajo
las antiguas palabras
ni dónde estuvo la palabra contigua
adorándose de sol a sol
y de qué follaje provino su frescura
para luego perderse entre las cuencas vacías
de las hierbas dormidas.

Cada estirón del brazo
era un vértice de sombra doblegada
ahogando en su molécula de fibra
generaciones de tobillos, de tintes heterogéneos.

No hubo la longitud de voz
ni casas con ventanas
cocinando bostezos de campanas
entre pronombres propios,
con metros injertados en la hebra de una cáscara vacía.

Todo se movió con rapidez de tiempo sin minutos.
Quedaron las palabras con alientos vacíos
en cuencas de media luna,
o humedad de una ola plomiza,
en la arquitectura arqueológica de un esqueleto
en este andar de carabelas de tortugas.

Y hoy que la pierna geográfica
estiró su afán hasta la última uña
las palabras suspendidas siguen intactas
amarradas en el madero de un redil agigantado de tierra.

Raúl Segnini Laya
foto / mery sananes




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DÍGAME - DE UNA ROSA






Dígame
una rosa en el umbral  de
las risas que se posan
en los lirios que cabalgan
por la estación de los sueños



agustín blanco muñoz
serie dígame
foto / mery sananes




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viernes, octubre 26, 2012

EN EL REMANSO DE LOS CIRUELOS





En este octubre siembras
tu cabellera en el remanso de
los ciruelos en la flor del onoto
en la zafra de un maíz que
tu padre recoge en las vasijas
de sus dedos para que julia
los desgrane en el recinto
de los milagros hasta que la brasa
dore el pan de amor que ella
prodiga desde el paisaje
de su collar de peonías
y su delantal de alas de árbol
e hilachas de mango

En este octubre tu trenza
se desata en aluviones de
hebras para abrigar a los
tuyos y tenderle el regazo
a los niños que te aguardan
mientras les repartes semillitas
de chirimoya al afán de 
las hormigas




En el laberinto del viento
tu cabellera escribe la historia
de los pueblos que recorriste
los pozos que dieron de beber
a tu sed primera el solar de
estrellas que fue el techo gigante
de todos tus asombros
la aurora dibujándole duraznos
a la tarde y el alba dejando correr
en las madrugadas el canto
de las piedras sobre un silencio
acompasado de abriles

No le robó la ciudad el brillo
al oleaje de tus cabellos ni le
expropió la danza a tus ojos
encandilados de cercas y de
muros recogiste en un ovillo
la mata florecida de hileras
de azabaches y refugiaste sus
fulgores en un pañuelo de hierbas



En este octubre de nuevo desatan
los cordajes salen a recorrer
los dominios del viento y la lluvia
recubren las grietas de los tiempos
enardecidos y regresan a su raíz
de aguas mansas a tejerle
confituras de guayaba a las tardes
empanaditas de azahar a los
transeúntes equipajes de ramas
aromáticas para aliñar los bebedizos
que tiñen de alegría los suspiros




Qué festejo el de este octubre
de una ilusión vertida en la pimpina
de la memoria esparciendo porvenires
desde los nidos de las tortolitas
y los lirios que nacen del ojal de
tus entregas




mery sananes
26 de octubre del 2012 


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